La señorita Eudocia
Era un pueblo muy tranquilo, me acuerdo que iba donde la señorita Eudocia que te enseñaba las primeras letras. Me iba con mi hermano Antenor y nos daban un gordo a cada uno, que era dos centavos. A media tarde entraba el dulcero con alfeñiques y cocadas.
Uno escribía con unas pizarritas que tenían unos lápices que chirriaban, y tu podías borrar con trapito húmedo o con saliva lo que habías escrito.
De ahí me acuerdo la primera mentira que recuerde, porque la señorita Eudocia le dijo a mi hermano Antenor que le pida a mi papá un cuaderno y un lápiz, porque él ya estaba para lápiz y cuaderno.
Me fui donde mi papá y me compró también lápiz y cuaderno y la señorita Eudocia los guardó en un cuarto oscuro. Ahi perdí mi lápiz y mi cuaderno.
Son ideas tan miserables, porque la señorita Eudocia murió; la atropelló un omnibus de la Roggero. Mientras todo el mundo pensaba en la desgracia yo pensaba en que mi lápiz y mi cuaderno estaban en el cuartito oscuro.


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