BANDA SERRANA

 

Foto Sessarego 1946

Cuando llegué a Cajamarca ya había cumplido siete años, en ese tiempo se decía que cuando habías cumplido siete años ya tenías uso de razón.

Lo primero que me llamó la atención en Cajamarca fue una banda, un día que escuché una banda diferente. 

Yo había llegado a la casa de mi tía Blanca Pastor Cueva, cerca a la plazuela de José Gálvez.

Sonaba un poco destemplada; yo me acerqué a la esquina y subían hacia la iglesia de San Pedro, algo que nunca había visto.

Los campesinos se vestían diferente de los citadinos, se vestían con su propia ropa, hecha por ellos.

Venían con unos tambores que le llaman caja, unas flautas que llaman pincullos, unos carrizos que le llaman clarines. Esa era la música.

Como no tiene nada de metal, todo es de madera, mates y cosas vegetales. No era la música que yo había oído en San Pedro, una música metálica.

Pero me acuerdo que las muchachas -les llamaban pallas- eran hermosas chicas que bailaban detrás de los bailarines hombres, que tenían maichiles (unas semillas que sonaban) en sus piernas cuando bailaban.

Hasta que llegó un bailarin con máscara de negro, con un chicote que sonaba. Y ahí me dio miedo y me fui.

Totalmente diferente a lo que yo había oído.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El juez y el arco

En tren a Cajamarca